En "Y perder la cuenta de las veces que te cuento" laten la poesía surrealista, la escritura automática, pero también los ecos de los versos que un adolescente descubrió en "El amor, las mujeres y la vida", de un tal Mario Benedetti.
Un poemario inacabado, porque nunca se terminaría de renovar a sí mismo si lo revisásemos cada noche, con lo que aquí deja el poeta sus huellas y, como aquellos corazones que antaño grababan los enamorados en la piel de los sufridos árboles, será el paso del tiempo el que determine cuánto perduran, más allá de los latidos que lo provocaron.