MARTÍNEZ MAURI, MÓNICA / AA.VV
Realizar trabajo de campo acompañado -de familiares, estudiantes o mascotas- conlleva implicaciones metodológicas, epistemológicas y éticas. La presencia de acompañantes puede alterar la temática, abrir nuevas vías de obtención de datos, facilitar el rapport o generar tensiones. También plantea dilemas sobre la separación entre vida privada y profesional, el relativismo cultural y la visibilización de privilegios, afectando la «inmersión total» de la observación participante.
Surgen dudas éticas sobre el uso de menores o parejas como estrategia investigativa, y se evidencian las condiciones de producción del conocimiento, como la posicionalidad (y particularmente el género y la maternidad), pero también la importancia de los afectos. Aunque relevante, este tema suele relegarse a lo informal, considerado anecdótico por el establishment académico, que aún reafirma el mito del observador neutral. Algunas madres etnógrafas insisten en visibilizar estas experiencias, siendo ellas las más expuestas a críticas, ya sea por llevar a sus hijos para realizar el trabajo de campo o por dejarlos atrás.
Este libro propone una reflexión crítica sobre los desafíos que plantea la práctica etnográfica en la actualidad.