Año 1613. Miguel de Cervantes, en su cénit profesional como escritor, no es tan solo el sublime y carismático creador de Don Quijote de la Mancha, cuya primera parte ha aparecido ocho años antes de esta fecha. Aupado en la madurez y viendo de cerca la senectud, a los 66 años, escribe un conjunto de obras emblemáticas, llamadas Novelas Ejemplares, en donde aparecerán personajes variados y complejos, capaz de desarrollar historias que harán engrandecer aún más su ya enorme figura literaria. Estas obras no minimizarán sus éxitos, sino, al contrario, las complementarán y potenciarán. En este libro nos vamos a detener fundamentalmente en tres de estas Novelas Ejemplares con intención clara de destacar la visión especial que de la mujer tenía el escritor en un país, en un contexto poco dado a alabanzas ni a dar visibilidad a un sexo que no poseía capacidad alguna de decisión, en una sociedad en la que imperaba como una losa el peso del libro La perfecta casada, de Fray Luis de León, según el cual la mujer, ser de categoría inferior, debía mostrar al varón completa sumisión y honestidad. Pero ahí están los personajes femeninos de Cervantes; ahí están La Gitanilla, La Ilustre Fregona y La Española inglesa, auténticas heroínas, para demostrarnos otra visión diferente, otra forma de entender el mundo más humanista y equitativa. Si además estas novelas se acercan a los jóvenes lectores sin demasiadas interferencias, de forma comprensible, listas para ser disfrutadas, aceptadas, utilizándose para ello una tipografía clara y un interlineado amplio, tendremos la seguridad de que habremos contribuido modestamente a mostrar su contenido para que puedan valorarlo como lo que son: un impresionante conjunto de joyas literarias nacidas de la mente de un extraordinario y singular escritor.