Una meditación sobre el duelo ecológico, la violencia, la finitud, el arte como resistencia y la posibilidad de una esperanza.
¿Qué puede hacer la literatura en un mundo fracturado por la crisis ecológica, la descomposición de la democracia y la pérdida de sentido?
En una Nueva York oscura, todavía conmocionada por la pandemia y bajo el espectro del nuevo autoritarismo de Trump, un escritor recibe el encargo de emprender la biografía de Benjamin Fondane, poeta y cineasta francés de origen rumano, testigo del surrealismo parisino, autor de una película maldita en Buenos Aires y asesinado en Auschwitz. Pero el proyecto se interrumpe. Una enfermedad, un duelo y un acontecimiento devastador abren una grieta por la que se cuelan el pasado familiar, la desaparición de un paisaje, las ruinas del siglo y el recuerdo de un zorro cuya mirada reveló un don extraordinario a su abuelo inmigrante en Argentina.
En todo hay una grieta y por ella entra la luz es una novela mutante, a medio camino entre el ensayo, la autobiografía, la biografía apócrifa y el tratado filosófico; un texto atravesado por notas que lo expanden, un texto que se pregunta cómo vivir hoy, y cómo escribir, en medio del colapso. Es, también, una elegía por un mundo que se desmorona, el mundo físico, pero también el simbólico y el moral. Y es un intento ambiciose, desesperado, necesario, de devolverle un sentido, a través de la imaginación, la creación artística y la atención por la que abogaba Simone Weil.