Este ensayo afronta uno de los temas más espinosos y actuales de nuestra historia: la hostilidad contra la fe católica y su huella en la identidad de España. Con un análisis riguroso y a la vez cercano, el autor demuestra que el anticlericalismo no fue una crítica puntual a abusos concretos, sino una corriente ideológica que buscó arrancar de raíz la presencia del cristianismo en la vida pública.