Sumamente sensible a la imagen de España, el rey Alfonso XIII, durante su reinado, no renunció a actuar desde el trono como un estímulo del regeneracionismo que dominaba la opinión pública. Su afán de modernización de la Nación, como mejor demostración de un sentimiento patriótico, fue clara desde los inicios de su reinado, aunque en ningún modo incompatible con un deseo político de popularizar la Monarquía y arraigarla en la ciudadanía a través de su identificación con España La consolidación del Protectorado de Marruecos se convirtió en una cuestión clave de su época, de tal manera que la preocupación del rey en este asunto fue simple eco de la que tenía en el conjunto de los ciudadanos, pues llegó a ser decisiva en el debate político y la lucha entre partidos. Desde entonces, se suscitó la pregunta sobre el alcance real de la intervención personal del jefe del Estado en diversos aspectos de la empresa africana, que aumentó a partir del Desastre de Annual. Al ponerse este acon tecimiento en estrecha relación con el pronunciamiento del general Primo de Rivera, en septiembre de 1923, los historiadores se han preguntado por la relación entre esos hechos, que marcan el ecuador del reinado, y por el papel desempeñado por Alfonso XIII. Numerosos han sido aquellos que -basándose en panfletos y bulos- han acusado al monarca de estar implicado en el desastre de Annual. Idea que, repetida sin afán de investigación, se ha trasmitido durante décadas. Y es que, desde incluso antes de partir al exilio, a Alfonso XIII se le adjudicó el papel de chivo expiatorio para justificar el advenimiento de la Segunda República, sobre todo, los intentos de alzamiento violento de los republicanos contra la Monarquía. Desde entonces, han surgido publicaciones que han oscilado entre la repetición metódica de viejas críticas contra el monarca -presentadas como una asepsia que pretende pasar por prueba imparcial y moderada- y la invención despiadada. La destrucción de una creencia arraigada firmemente en tres generaciones de españoles del siglo XX resultaba ser, en consecuencia, un difícil reto, pero no imposible en nuestra opinión. En el presente libro se ha intentado buscar una nueva respuesta. Además, hemos tenido como objetivos saber qué acciones emprendió la familia real ante la crítica situación originada por el Desastre de Annual, conocer la trascendencia política del mismo y valorar la importancia que se otorgó -posteriormente, sobre todo- al debate de las responsabilidades en las Cortes, así como su alcance real y no el imaginado posteriormente por los republicanos. Esperamos que el lector se lleve la misma sorpresa que el autor tuvo ante las respuestas a estas preguntas.