Con esta obra se impone un nuevo estilo de lectura: el autor y el lector deben echar toda la carne en el asador. La obra le conceptuó ante la opinión pública y el poder como un autor del que había que deconfiar; y sin embargo Baudelaire confesó haber puesto en lo mejor de sí mismo.
La actitud decadente y dandy de Baudelaire le sirve para establecer distancias, para intentar distinguirse, alcanzar en el aspecto más superficial aquella perfección que le caracteriza. En " Las flores del mal " crea un espacio que inclina al hombre hacia lo más bajo, un espacio sin horizonte, que aboca al abismo, al pecado, a la hipocresía, sin posibilidad de salir.