El valor de la ciencia (1905) es una de las obras filosóficas más influyentes de Henri Poincaré, donde defiende que la búsqueda de la verdad es el único fin digno de la actividad humana. Su importancia radica en su análisis del objetivismo científico frente al nominalismo, argumentando que las leyes científicas no son meras convenciones arbitrarias, sino relaciones reales entre fenómenos. En el texto, Poincaré explora cómo la intuición y la lógica se complementan, siendo la primera la herramienta del descubrimiento y la segunda la de la demostración.
Como curiosidades, el libro dedica capítulos fundamentales al análisis del espacio y el tiempo, sentando las bases conceptuales para la teoría de la relatividad. Poincaré sostiene que la conveniencia guía la elección de los marcos matemáticos, pero que es la naturaleza la que valida su utilidad. Además, reflexiona sobre la ética del científico, afirmando que la ciencia no debe juzgarse solo por sus aplicaciones prácticas, sino por su capacidad para elevar el espíritu humano mediante el conocimiento puro.