Después de haber organizado con gran éxito el servicio de correos en Cartas en el asunto, Moist von Lipwig, ex timador y tramposo, se aburre. Y ya se sabe que cuando Moist se aburre es capaz de hacer cualquier cosa. Lord Vetinari, el tirano de la ciudad, le propone una oferta irrechazable: dirigir el banco más importante de la ciudad y salvarlo de la ruina. Moist acepta el reto de mala gana y va más allá del encargo propuesto. Así, tiene una revelación: ¿qué ocurriría si la ciudad prescindiera de su dependencia del oro? Pero no tardará en darse cuenta de que no es tan fácil oponerse a siglos de prácticas bancarias y, a pesar de su ya conocido e irresistible encanto, Moist se verá atrapado por distintos flancos en esta nueva aventura.
En esta trigésimo sexta entrega de la serie de fantasía de culto «Mundodisco», Terry Pratchett nos recuerda que el dinero es el motor del mundo siempre, incluso cuando el mundo es plano y se sostiene sobre cuatro elefantes subidos en una tortuga gigante.
Se acaba de «liberar» -ejem- una importantísima vacante para dirigir, al tiempo, la casa de la moneda de Ankh-Morpork y el banco más importante de la ciudad. Y ¿quién mejor para ocuparla que Húmedo von Mustachen, ex delincuente y gran artista de las estafas, de encanto legendario? Es una oferta que no puede rechazarse. Sobre todo cuando la hace el despiadado tirano de la metrópoli, lord Vetinari.
Es una suerte que Húmedo necesite distraerse de su rutina de funcionario. Imposible aburrirse cuando tiene que hacerse cargo de la reforma de unas prácticas bancarias centenarias, por no hablar de los empleados viciados, un cajero jefe posiblemente vampírico y un presidente que hay que pasear cada día. Y menos mal que es un superviviente nato, porque su turbulento pasado está a punto de salir a la luz y el Gremio de Asesinos no tardará en dar con él... Ah, y además un mago de trescientos años persigue a su novia...
Húmedo está haciendo enemigos por doquier, cuando lo que debería estar haciendo es... ¡dinero a mansalva!
Reseña:
«Tan brillante y reluciente como una moneda recién acuñada: ingenioso, ameno y para morirse de risa.»
The Times